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| Taebo, disciplina para que te rompan la madre. En Blu-ray y DVD |
Pensemos en la escena: un sujeto cuya panza ha crecido en los últimos meses está en el súper sin poder decidir si se llevará la cerveza oscura que según su anuncio es “la crema de la cerveza” o la cerveza barata que ofrece el doble de latas por la mitad del precio. Camina después al pasillo de las botanas, una bolsa de papas saladas, un bote de salsa y unos cacahuates (piensa en el estreñimiento y deja los cacahuates). Camina un poco más para ver artículos que podrían servirle para nada, piensa en comprarse un carrito hotwheels de la línea vintage para poner en su escritorio. De repente, ante él, se aparece el Máximo Magnus 4800, la última máquina de ejercicio en casa. En el anuncio una mujer con cuerpo sinuoso como la palabra sinuoso y un tipo que se nota que liga en los antros anuncian que la vida sexual mejorará considerablemente después de comprar el producto. En la mente del sujeto, se realiza una operación matemática (“el aparato cuesta 480 USD, si la mensualidad en el gimnasio cuesta 20 USD, entonces en dos años habré pagado el precio del equipo y ya habré quedado como el sujeto, porque usaré diario la máquina”) y lo compra. Cambia a una marca de cerveza light y en lugar de papas saladas se lleva unas galletas de fibra. A las tres semanas, el sujeto toma una cerveza que se anuncia “como la crema de la cerveza” mirando una película palomitera en el Golden, mientras su ropa se seca en el Máximo Magnus 4800.
Alguien nos hizo creer que era posible ejercitarse en el lugar donde es imposible hacerlo. Mi cuarto sirve para cuatro cosas: dormir (cuando lo necesito), leer (cuando quiero), escribir (cuando tengo tiempo) y coger (cuando puedo), no hay espacio para realizar otra actividad sin correr el riesgo de morir decapitado por un ventilador de techo. La sala y las otras piezas de mi casa cumplen la función de un diputado: existen porque no hay de otra. Ni siquiera tengo espacio para la fuerza de voluntad de hacer ejercicio en casa.
Y la mayoría de las personas funcionan así, creen que el negro del anuncio quedó con toda esa musculatura ejercitándose en casa. Nos gusta hacernos pendejos pensando en eso. Otro caso son los famosísimos Fitness Step, la gente se los compra para bajar de peso y hacer ejercicio mientras camina, pues les tengo una noticia: ¡esos zapatos no funcionan si eres un oficinista que se pasa el día sentado frente a una computadora!
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| Crocs+Fitness step ¿es neta cabrón? |
Recuerdo el monólogo de Guillermo Selci “¿para qué necesita tanta fuerza un tipo de ciudad? ¿para abrir un frasco de mermelada? ¿para meter una caja de pizza en un tacho de basura?”. En realidad sólo hemos comprado una idea que compara la belleza con la salud, dudo que sea muy saludable tener unos bíceps que no caben en la playera.
Recuerdo que cuando iba al gimnasio leí una revista que decía “tenemos que hacer que se rompan las fibras del músculo para que después intenten regenerarse, eso hace crecer los brazos, piernas y pectorales”. Después consideré dos minutos “¿romper? ¿regenerarse? no debe ser bueno si funciona así”. Y a pesar de todo, en el gimnasio sí conseguí mi objetivo sin lastimarme, sin encontrar un pretexto, sin llorar frente a todos porque ya no podía seguir realizando la rutina, sin preferir acostarme a leer.
Sí, conseguí músculos y que las chicas voltearan a verme y combatir la imagen de nerd con sexy pancita de programador (a pesar de no programar). La fuerza de voluntad tiene un precio, casualmente es el mismo que la mensualidad del gimnasio más cercano a tu casa.
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Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto























